Noche

 

Dicen que en la noche se ocultan los amantes, para evitar ser descubiertos.

Dicen que en la noche se llevan a cabo rituales de magia, porque el poder que elevan es mayor.

Dicen que por las noches andan las brujas, ocultándose tras su manto de oscuridad y usando la luz de la luna y las estrellas como única guía y protección.

Dicen que en la noche se cuentan los secretos más ocultos, para evitar que sean oídos por seres indiscretos.

De la noche dicen tantas cosas.

Y qué pasaría se combinamos todo esto en una sola historia.

El, el hombre de ensueños de medio pueblo. El lider de la comunidad, el ejemplo a seguir. Un hombre humanitario, a quien la vida le había puesto más pruebas que premios.

Ella, la marginal. La “bohemia”, la “hippie”. Una del montón. Se decía que había tenido miles de amantes, que los había arruinado a todos, que su hija era “hija de vaya uno a saber cuál delincuente”.

No había nada que los uniera. La morocha de ojos misteriosos trabajaba de lo que surgiera. Sabían, era un secreto a voces, que ella no era cristiana, que ella no era “normal”.  El príncipe, era el tipo más estable. Esos ojos verdosos y soñadores, sólo habían soñado con el amor de aquella luminosa criatura que se fuera al nacer su bebé. Si se cruzaban por la calle, intercambiaban un simple saludo cortés y cada uno seguía por su camino…

Ella enseñaba a otras mujeres a autoabastecerse. La comunidad agradecía eso. Pero no le perdonaban tener un pasado desconocido ni venir de otro lugar.

El construía escuelas y refugios. El pueblo pensaba convertirlo su prócer local.

Una noche, los encontró, caminando por un bosquecito cercano al pueblo.

Ella llevaba un ramo de flores blancas. Curiosamente, él también.  Se encontraron en el claro, en ese claro donde habían dos piedras, una clara y brillante, y la otra cubierta de musgo.

Ella no dijo nada, se inclinó ante la piedra cubierta de musgo y depositó su ramo de flores. Se quedó unos instantes, como rezando, o meditando. El la miraba, algo en sus gestos lo había hipnotizado. El sonido del viento lo despertó.  Volvió en sí, colocó sus flores ante la piedra blanca. También se incorporó mirando a la piedra.

La curiosidad lo carcomía.  ¿Qué podría estar haciendo esa mujer sin pasado ante esas tumbas?

Al otro día, se cruzaron en el pueblo. Ella parecía la misma de siempre, hermosa en su rareza, cabellos lacios y negros sueltos, vestidos  flotantes de colores oscuros, zapatos bajos, nada de maquillaje, y esos ojos negros, esos ojos que encerraban secretos a descubrir. El parecía víctima del insomnio. Sus hermosos ojos verdes rodeados de ojeras. Todo su rostro se convirtió en pregunta al mirarla. Ella sonrió con suavidad, saludó como siempre y siguió su camino.

Esa noche la seguiría.

Ella salió de su cabaña, llevaba el cabello suelto, como siempre. La túnica color plata que se había puesto, mostraba la forma de su cuerpo. “Es muy atractiva” pensó. No se había dado cuenta que estaba a la vista.

Ella le sonrió, y lo invitó a seguirla, con un gesto amable.

Un poco hipnotizado y un poco abochornado por verse descubierto, caminó hacia donde estaba ella.

– Ten, hay que ofrecerle algo a los espíritus de los árboles para que nos permitan usar su círculo. – dijo, pasándole un canasto.

– ¿A quiénes? – dijo él pensando que la voz de esta mujer era absolutamente encantadora.

– Los espíritus del bosque. – repitió con tranquilidad. – Siendo uno de nosotros, no puedes no saber quiénes son.

– Uno de ustedes -repitió mecánicamente – ¿uno de qué?

Ella rió. Su carcajada rompió el trance en que estaba.

– Uno de los brujos del pueblo. No creas que no me dí cuenta. Eres el único que no se intimidó por el símbolo que llevo en el pecho.  Tu familia, la mía y la de algunos otros miembros de la comunidad, llevan años celebrando a la naturaleza en el bosque. – dijo- Ahora te toca, me toca y a los de nuestra generación.

De pronto, los recuerdos se despertaron. Su abuela vestida de plata, como esta extraña, cargando canastos. Los cantos y las risas en el bosque, la comida dejada al pie de algunos árboles…

La siguió y se perdieron esa noche. Se escondieron a celebrar EN LA NOCHE.

 

 

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