No somos nada

Tal y como estaba previsto, Martín y Gabriela estaban en la misma cabaña. Era el modo “sutil” de la banda de hacer que la pareja que todavía no se consolidaba lo hiciera.

Todos habían sido testigos una y otra vez de la atracción innegable entre ambos. Todos veían los ojos de Martín mirándola con dulzura y veían como Gaby se comía las ganas de saltarle al cuello y devorarlo a besos. Llevaban 5 años en idas y vueltas que no llevaban a nada. La vida, luego, se encargó de dejarlos en lugares geográficos diferentes. Tincho como representante de su empresa iba para donde lo mandaban sus jefes. Gaby, vivía en un pueblito serrano, trabajando para una fundación. Se comunicaban seguido, pero cada quien hacía su vida. O, al menos, lo intentaba.

Tincho estaba saliendo de un mal divorcio. Gaby, estaba sola hacía bastante. Con estos antecedentes, ninguno suponía nada. Iban a seguir siendo nada, pero en la playa.

La noche anterior, habían salido en grupo, como siempre. Todos quisieron ir a un bar a tomar algo, charlar, escuchar música y bailar.  Siguiendo el plan de “nada”, Martín, levantó a una rubia curvilínea, en la barra. “Lógico”, pensó Gaby, mientras los veía desde el sillón donde se encontraba charlando con Alina, “recién divorciado en busca de joda”.

Mientras pensaba esto, mirando el cuerpo bien formado de Martín. Sus musculosos brazos, su espalda ancha y bronceada. Esos dientes perfectos que brillaban cuando sonreía. El morocho estaba para darle, se confesó a sí misma. Pero el morocho le quería dar a la rubia pechugona, no a ella. Suspiró, dándole un sorbo a su bebida. Alina sonrió, el plan estaba resultando. Cuando iba a hacerle a Polo un gesto triunfal, el plan empezó a hacer agua. Un atractivo canoso, se acercó a Gaby. La invitó a bailar.

Desde la barra, Tincho, hacía lo posible para parecer amable con la rubia, a la que no escuchaba en lo más mínimo. Polo y él habían tramado usarla para enojar a Gaby y que hubiera escenita de celos. Pero ninguno se imaginó que iba a aparecer un canoso, y menos que el canoso iba a conseguir que lo siguieran a la pista.

Mientras observaba como el “vejete” tomaba a “MI GABY” por la cintura. Esa cinturita de avispa que, siempre que podía, y que lo dejaban, rodeaba. Miró como ella se movía, como sacudía esos rulos castaños, que normalmente recogía para que no le estorbaran. Observó como el vestido corto que usaba esa noche, acentuaba lo mejor de su figura. Vio como las manos del canoso rozaban la piel sedosa y brillante de Gaby. La rubia seguía hablando. y la sentía cada vez más cerca de su oído. En un momento, se encontró con que tenía la boca de la rubia pegada a la suya, y la lengua de la rubia, practicándole una revisión de amígdalas. Dos segundos después, estaba correspondiendo al beso y los manoseos consecuentes.

La rubia sabía cómo llamar la atención, se dijo. La guió a un espacio más íntimo, según le informó entre besos y jadeos, se la llevó a un rincón. Un polvo rápido. Pensó.

Cuando volvió al espacio común, Gaby y el canoso habían desaparecido. Volvió  a la cabaña. SOLO.

Eran las 4 am. No podía dormir. Su mente imaginaba al canoso saciando su apetito sexual con Gabriela. Se la imaginaba satisfaciendo los deseos del tipo ese… Se levantó. Tomó el celular. “¿Te lo cogiste? ” escribió. Eliminó el mensaje. Era demasiado directo.

Las horas pasaban… Gaby no daba señales. Empezaba a amanecer. El sonido de un motor llamó su atención.

La puerta de un auto se cerró. La voz de ella dijo “¡Después te llamo, Fran!”. La llave de la entrada, la puerta se abrió.

– Hola- dijo, mientras dejaba la llave y la cartera.

– Me tenías preocupado. -contestó al saludo enojado.

– Pensé que tu amiga te tenía entretenido. – dijo ella despreocupadamente, sacando una bebida de la heladera. -Estoy bien, entera, y pasé una noche increíble.

– ¿Cómo coge?  – atacó.

– Divino, uno de los mejores polvos de estos últimos meses. – Respondió picada.

– Y lo decís como si nada…

– Bueno, a ver, estamos en el siglo XXI, es de esperar que una mujer tenga sexo casual con un tipo que le resulta atractivo ¿no? -comenzó, acomodándose en el sillón- Y, compartiendo hotel con un amigo, que también es adulto, y es sexualmente activo, y que también tiene sus cositas por ahí, no le veo nada de malo, a decir que mi compañero sexual de la noche fue bueno.  -dio un sorbo a la bebida que tenía en la mano. – ¿La rubia duerme?

– No. No la traje. – dijo con amargura. – Creí que era bueno respetar nuestro espacio común.

– Está bien que tengas tus amigas, y que las traigas. – dijo ella.

-No, no lo está. – respondió él.- Me molesta que te hayas ido a encamar con ese tipo.

– No veo porqué. ¿O vos a la rubia le diste sólo palabras de aliento? Entre jadeos y manotazos -Se levantó.- O, me vas a decir que yo te tengo que esperar hasta que decidas que querés algo conmigo, mientras cogés con cuanta mina pata-abierta se te cruza y yo siempre virginal… Por favor, madurá. No somos nada, y mientras no seamos nada, cada quien se saca las ganas con quien quiera y pueda.

– No somos nada, pero …

– No somos nada. -se dirigió a donde estaban las habitaciones- Me voy a recostar. Después, a lo mejor, hablamos.

2 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s