ajá

Se sentaron cafe de por medio, como tantas otras veces. Se miraron. Ella sonrió. Algo en su mirada decía que no estaba allí de protagonista, sino de espectadora.
Él puso su mano sobre la de ella. Intentó sujetarla un instante. Buscó con sus ojos, la mirada de arrobamiento que tantas veces le había robado… Se encontró con un par de ojos negros, chispeantes de risa, no de amor… un gesto inequívoco de final se coló en la expresión de esos risueños ojos negros.
Suavemente, apartó la mano de la de él. Tomó la azucarera y colocó dos cucharaditas de azúcar a su café. Como si no hubiera nada más interesante, se dedicó a revolver su café.
Él miraba silencioso. No quería romper el silencio. Se rompería el encanto. La observaba más lejana que nunca. Sus ojos, que se turbaban ante él, hoy lo miraban, lo atravesaban como puñales, directos y ausentes al mismo tiempo. La boca que había besado tantas veces, tenía un gesto entre burlón y melancólico. Las manos que lo habían acariciado, hoy negaban su tacto.
Suspiró.
Ella levantó la vista. Vio a un hombre a quien apreciaba. Vio a alguien que había sido muy importante en su vida, pero lo vio derrotado, perdido, abatido. Lo vio incapaz de ganarla de nuevo, lo vio sin poder encontrarse a sí mismo. Sintió pena por él.
Sonrió, casi a su pesar.
Rompieron el incómodo silencio. El añorando los silencios de complicidad, ella sorprendida del vacío que lo rodeaba. Preguntándose en silencio si alguna vez había sido diferente…
Hablaron del clima, del trabajo, de los amigos. No se mencionó lo que había sucedido.
Ella miró el reloj, y le propuso llamar al mozo, se tenía que ir. Ahora su vida era otra, ahora su vida era eso: suya.
Él sintió por primera vez que había perdido poder sobre esa mujer. Y se dio cuenta, que jamás la había visto realmente. Estaba ahora ante una mujer libre, una mujer que quiso compartir su libertad con él, a la que quiso domar.
Un poco en broma, un poco en serio, intentó seducirla otra vez. Ella arqueó las cejas, sonrió compasiva y dijo… Ajá.
Ajá es el vocablo que se usa para finjir interés cuando no lo hay. También es la palabrita que se usa para no decir lo que realmene se está pensando.
Ajá – dijo nuevamente. Sonrió burlonamente, tomó la cartera.- Adiós.- agregó extendiéndole la mano.
Salió.
Él la vio salir. Vio como subía a un taxi y se perdía por las calles de la ciudad. Vio, en ese momento, como la perdía definitivamente.

2 Comentarios

  1. Como no me aviso antes?, aca estoy haciendo inventario de cada aja recibido .
    De todos modos mas vale …..
    Usted debe dedicarse a la escritura, no es que yo entienda, pero me gusto y veo mucho futuro por ese lado..
    Imaginese otra j. k . rowling entregandonos cuentos fantasticos.Mire que a ella no le fue tan mal. Unos mangos para el sahumerio cosmico y nace un nuevo superheroe. Y no me haga hacer nombres que me brotan como vertiente jajajajajja
    un besito

  2. y yo hice un recuento de cada ajá dado jejeje…
    No sé si deba… como le dije, a veces la historia se cuenta a sí misma y sólo nos usa para ser transmitida.
    Sahumerio Cósmico un superhéroe???????? emmmmm el mundo estará listo para eso??
    besos y gracias por sus comentarios.

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