La anciana de la esquina

No siempre prestamos atención a lo importante. Generalmente nos dejamos llevar por lo urgente, lo cotidiano, lo rutinario, y nos perdemos esas fantásticas oportunidades de producir cambios.

Una canción de una banda salida de un reality decía “Cambiar el mundo empieza por mi”… Y si uno lo piensa es así.

Simplemente pasa, a veces que vamos caminando por la vida, sin poner atención. Y algo nos llama… Y tenés dos posibilidades, o escuchás, ves y te encontrás con la experiencia, o, te hacés el boludo y seguís andando, como si no hubiera nada ahí.

Y así pasan desapercibidas tantas posibilidades, tantos sueños, tantas personas… Esa manía de ser importantes, hace que consigamos que los demás se sientan invisibles, indefesos, poco importantes, prescindibles. Y no pensamos que “por algo están en nuestros caminos”, que algo tienen para darnos.

Y sin tener todo esto, que escribo ahora en mente, me encontré con esta historia.

Tal vez salió a tomar aire, o a ver a alguna amiga, o tal vez volvía del médico. No lo sé, no le pregunté. Estaba ahí paradita en la esquina. Una esquina céntrica, muy transitada. Frente a ella, una mujer de seguridad comunitaria. Sí, esas personas a las cuales el estado provincial les paga (al igual que a la policía) para cuidar a los ciudadanos. Aunque algo me dice que les dieron un concepto algo limitado del “cuidar”.

Cuidar a otros no es sólo cuidar sus pertenencias, o perseguir a quienes intentan atraparlos, también implica tenerlos en cuenta, y tratar de ver en sus necesidades. Orientarlos si están perdidos, acompañarlos si los vemos indefensos, o darles una mano cuando están en apuros.

Y caminaba sin rumbo aparente, como siempre… con la mirada en el cielo y la atención en las estrellas, cuando la vio… Toda chiquita, temblorosa, frágil, pero decidida. Miraba la calle con una mezcla de desazón y determinación. Se sostenía del poste de luz. No confiaba demasiado en sus piernas.

Había que cruzar, eso era todo.

Sin pensarlo, le ofreció el brazo, simple, ella necesitaba de qué sostenerse, y ahí estaba para que esa anciana se sostuviera. La mujer miró sonriente, agradecida. Se sintió notada, por primera vez en un buen rato. Se sintió cuidada, como debe ser cuidada una persona de su clase, siendo tomada en cuenta, siendo atendida en su necesidad, siendo escuchada, y acompañada.

Entre medio de las quejas, porque claro, si había alguien a quien se le paga para que te cuide y esta persona no lo hace, es lógico que la persona se queje, agradeció a ese apoyo, que le permitió llegar al otro lado de la calle. Que por un ratito fue su compañía y un oído atento.

Y de algún modo, ese sostén, consideró que la anciana podría haber sido su madre, o alguna de sus tías o su abuela… y seguramente, agradecería a quien desinteresadamente le diera una mano para cruzar una calle, cuando sus piernas no le permitieran andar con tanta seguridad.

4 Comentarios

  1. Como estas?:Como casi siempre, estoy totalmente de acuerdo con vos,(tengo que dejar un margen para el desacuerdo , soy del bando de los que prefieren remarcar los errores, a festejar los aciertos).
    Asi que solo me remito al ejercicio cotidiano de entender que cada dia estamos inevitablemente un pasito mas cerca de una abuela o un abuelito.Encima , yo mas que vos pufffff.
    besitos

  2. Hola Salsipuedes:
    Jajajaj…. cada día más cerca… y al mismo tiempo, cada día con la posibilidad de capitalizar esa cercanía tocando las vidas de los demás y enriqueciendo las propias.
    Te dejo un beso… Y no seas tan contrera…😉 que siempre hay cosas buenas que imitar. y aciertos que festejar, para que la vida realmente valga la pena.

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