Truth or dare

Entonces hubo un momento en el cual hubo que pasar una prueba… o patearla para después…

Hubo un momento en el que todas las resoluciones se hicieron difusas y quedaron los latidos aturdiendo al alma.

Sin embargo, una pequeña labor hogareña me recordó la meta. Una mirada a la bolsa de “cuadraditos” tejidos, de esa colcha que pienso tener en mi hogar. Ahí perdido entre los bosques…

Y luego la imagen de esas damitas de kimonos, me trajeron a la realidad.

En el momento de la verdad, la única verdad era mirar hacia adelante, aunque hubiera un ancla que tirase hacia atrás.

I Dare to live as I choose. Y dejo atrás las voces que ahogaron mi voz. Se despliegan las alas, y aunque aletear duela, levanto vuelo y sigo hacia donde tengo que estar.

Sigo tejiendo el tapiz de mi vida, y confío en que la memoria de esos rasguños del pasado me muestre hacia dónde quiero ir. Y por qué los latidos no me conducen a mi alma.

Y la verdad es que, va a ser más difícil… Es fácil vencer al enemigo invisible, pero qué complicado se vuelve quitarse la piel para seguir hacia donde uno sabe que debe ir, sin importar lo que haya que atreverse a dejar atrás.

4 Comentarios

  1. Hola Driada:
    sabés? esatuve pensando mucho en lo que decías.
    Y me acordé de lo mucho que me costó sacarme la costra durísima en que se convirtió mi piel. No sólo en dificultad, sino en pérdidas.
    Y a mi, no me sirve tener el caparazón, prefiero perder un poquito de piel pero seguir sintiendo con fuerza.
    Besos.

  2. Bueno queria decirte que vaya entrada hablando de flores muy muy interesante.
    Y sobre el caparazón no quiere decir eso que uno sea insensible , sólo que te hacen menos daño, pero bueno cada uno sabe muy bien lo que necesita para sobrevivir
    Un saludo

  3. Driada, el caparazón depende de cada uno, y yo, debo reconocer que en el pasado hice unos bastante impenetrables… pero como lo eran tanto para lo que entraba como para lo que debía salir, resultaron unos hermosos sarcófagos para mi alma… Herméticamente sellados, hasta que de alguna manera o por alguna pérdida se rompían, dejándome entre escombros.
    Hoy por hoy, prefiero que las cosas duelan, lo que deban doler, pero que no que me asfixien o me impidan reaccionar.
    En cuanto a las flores, me di cuenta que “una flor dice más que mil palabras”…. Así, que te dedico un ramito de cerifolio, mimosa y ojicanta y artemisa… La felicidad nunca es suficiente.

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