La vida en el camino

Así era la vida de los gitanos. Siempre yendo de un lugar a otro. Nunca dueños de la tierra, sólo sus inquilinos por un período de tiempo. Tiempo en el cual la llenaban de música, de alegría.

Si no ser dueño, vivir errante, es como ser un planeta. Nunca detenerse, siempre en movimiento, y bailar al sonido de la música, vibrar a la misma frecuencia de las estrellas.

Los violines suenan, las voces se elevan al cielo… Las figuras danzan en torno al fuego… Los brindis se suceden.

La vida en el camino tiene sus peligros, claro, pero ¿acaso la vida en el pueblo no tiene el peligro de convertirse en rutinaria, y extraordinariamente sosa y carente de aventuras? ¿ No olvidamos a menudo el sonido de nuestras voces, que se viven confundiendo con los ruidos de las calderas?

“Bailar a la luz de la luna, cantando bajo la lluvia, celebrando estar en casa otra vez!!” Solía ser el himno de estas almas… Cuando retomaban el camino, para descubrir algo nuevo, para encontrar nuevos amigos…

Para descubrirle nuevos ángulos, a la luna en el cielo.

 

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