Cuando las voces llaman

Cientos de veces, oímos o percibimos cosas en nuestras vidas, y la verdad, no nos ponemos  a pensar que eso que decidimos ignorar, simplemente nos está marcando algo. Todos indefectiblemente hemos pasado por el período de ” vi algo”, “escuché algo” de pequeños, pero a veces ese período nos dura toda la vida.

No soy consciente de cuándo empecé a escucharla, pero siempre me llamó por mi nombre. Y de pequeña le respondía “¿qué?” y todos alrededor me miraban como diciendo “pobrecita  se volvió loca”.Tampoco soy consciente de cómo empecé a saber que nadie más que yo oía eso, y si bien, no podía evitar la reacción física, al principio, controlaba la respuesta vocal.

Las voces siempre estuvieron ahí, mostrándome el camino a seguir, contándome de todo lo que puedo y podré hacer… Simplemente aprendí a escucharlas y a seguirlas.

Cuando las voces llaman, sé que todo estará bien, sé que no hay nada que pueda hacerme daño alguno. Sé, que estoy recibiendo la información necesaria para pasar algún momento.  Intenté callarlas. Intenté pensar que “era mi imaginación”. Intenté obviarlas para adaptarme. Aprendí a no reaccionar… Pero lejos de irse, de dejarme me llamaron con más insistencia.

De adolescente se complica la cosa, a la incomprensión generacional, el amor por el drama y la rebeldía típica, sumémosle voces  y presagios… La locura era completa, y ¿ a quién decirle esto? Estaba siendo educada en lugares en los que la sola mención de voces era equiparable a “posesión demoníaca”.

Terminar en un psiquiátrico, es la forma más común, para los que somos llamados por voces… Las clínicas mentales están llenos de nosotros. ¿Por qué? Porque negar algo natural, es más fácil que entender que es natural y aceptarlo.

Callé las voces, o me ensordecí a ellas, y ese fue mi período más oscuro. Me tapé los oídos del alma y callé tanto las voces que llaman como la mía propia. Me obligué a “encajar” en la sociedad. Era la niña brillante, pero a la vez sin espíritu… Mi espíritu estaba enjaulado en una prisión de sonido aislado.

Y cuando casi estallo, las volví a encontrar… Las escuché y les respondí. Las voces llaman siempre, siguen llamando, son guías, son maestros, son los que llegaron antes y me muestran por dónde puedo ir.

Hoy me comunico fluidamente con ellas, son parte de mi “normalidad” y no me da miedo decir, que cuando las voces ME llaman, yo les respondo.

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