Serenata para “nadie”

Era costumbre, cuando mamá era jovencita, que los pretendientes (palabra antigua si las hay) llevaran serenata a tu ventana. La idea era que si correspondías al sentir de tu serenatero, te asomaras a la venana a agradecer la canción.

Era también costumbre que a “la nena” nadie la mire o la toque sin permiso de papá y mamá. Mis abuelos no decían nada, bah, mi abuela murió cuando mamá tenía quince, y mi abuelo no se enteraba de que su hija ya no era “la nena” pero mis tíos… ¡¡Ojo con los muchachos!!

Debido a las prohibiciones, cuenta la leyenda, que un atrevido enamorado, llevaba semanalmente serenata a mi madre. No bajo la ventana, como se acostumbraba, sino en una oscura esquina vacía. Usando la oscuridad como máscara y la esquina libre como distracción, nadie podía impedirle cantar. La esquina era de todos.

El “pretendiente” sabía del gusto de mi madre por la música de mariachi, y específicamente por la música de Miguel Aceves Mejía. Y eso cantaba. Mis tíos sospechaban. Pero no podían moler a palos a alguien por “sospechar” que le llevaba serenata a su hermanita.

Así que el caballero daba su “serenata para nadie” en laimpunidad de la oscura noche…

Y su homenajeada, recibía cada acorde con alegría y picardía. 😉

 

PD. Les dejo un regalito… Ella… por Aceves Mejía y sus mariachis…

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