Flores de mi niñez

Si hay margaritas, es que llegó la primavera…
Ése fue mi canto de batalla desde que tengo memoria. Aún recuerdo los “ramones” de margaritas que traía Pirucha de su jardín frontal… O los quinientos ramos de rosas matizadas del patio de Porota…
La primavera son las flores… Y las flores de los jardines de estas personas eran la primavera de mi casa… Así como noviembre jamás llegó sin mi azucena, octubre no llegaba sin las rosas, no es primavera si en el florero no hay margaritas.
Las flores blancas “para la Virgen”, Las rosas de los enamorados de mi hermana, y las margaritas que traían para mi mamá, pero que en el fondo eran para mi.
La primavera era “nadar en el pasto”, salir a embarrarse el guardapolvo, hacer puré de pelotitas de paraíso… La primavera era entrar en una comunión con la naturaleza casi incomprensible.
Colgarse de la higuera, jugando al tren, preparar conciertos para nadie… tirarse en el pasto sin conciencia de los bichos, perseguir caracoles…
La primavera llegaba con el “ramón de margaritas”… y se transformaba en rosas, en margaritas pintadas, en risas, en vida… En pensamientos, en dalias y en petunias…
Si hay margaritas, es que llegó la primavera…

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