Con el viento

Miraba miles de veces a las aves, veía sus vuelos, veía sus piruetas, admiraba la extensión de sus alas.
Y una mañana, simplemente abrió la ventana, y se dejó ir con el viento.
Sólo dejó que esa fuerza natural que existía en su alma tomara el control. Respiró profundamente, sonrió. Conocía el secreto.
Con el viento aprendió canciones de tierras extrañas, oyó cuentos de diferentes lugares, y aventuras de miles de héroes, mientras vivía la suya. Entre pájaros y hojitas de árboles encontró compañeros increíbles para su aventura.
Había aprendido a vibrar en la frecuencia del arcoiris, a bailar con las gotas de lluvia, a pintar con acuarelas inventadas. Y soplarle las palabras a los enamorados desde las nubes.
Y a veces, sólo a veces, se permitía cantar con el viento del norte, canciones oídas de mundos ancestrales… Porque a veces, sentía nostalgia, esa nostalgia de historias pasadas, la nostalgia de quien sabe, que aunque tiene el cielo, se lo extraña en el suelo. Pero de todos modos, sigue volando. Se sigue yendo, con el viento.

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