Magia

Sin darte cuenta te golpea. Se hace presente y ya nada podés hacer. Está ahí y llegó para quedarse… Así me pasó. Yo era muy chica para darme cuenta, cuando te escuché por primera vez, fuiste la primera señal y no supe interpretarte, te asimilé como parte de mi mundo fantástico, y te adopté como a una amiga imaginaria más… Pero los amigos imaginarios sólo duran hasta cierta edad, y pasé esa edad y te seguí sintiendo.
Tu toque, era cada vez más fuerte, me hacía sentir fuera de lugar cada vez más y más. Yo no era como otros… Y no era esto así porque fuera yo adolescente, sino porque la marca que habías puesto en mi era demasiado fuerte como para ser ignorada.
Sin saber por qué mi espíritu necesitaba desafiarse, ver más allá, interpretar señales, entender presagios, y vos me los proporcionabas, la piedra en la que yo molaba el fuego de mi alma era cada vez más y más poderosa, y la fuerza que me llevaba hacia el camino que sigo cada vez más convencida.
Sin saber por qué, me encontré obedeciendo marcas en mi que no había notado. Marcas que han estado siempre y que siempre estarán ahí. Esas marcas invisibles, imborrables, imperceptibles, son las marcas de la magia…
La magia esa que hace que cada mañana me levante, respire, sueñe, proyecte, vibre, viva… La magia que nos impulsa a buscar nuevos desafíos para crecer, avanzar y vivir…
Y si, hay marcas que no sabemos que están, pero nos llaman con fuerza… Esas marcas: son Magia.

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