Baila


Cuando el fuego se apoderaba de su ser, nada más existía. Simplemente tenía que bailar. No le importaba si alguien veía, si la creían loca, necesitaba bailar. Y al bailar era libre, su alma, su espíritu su corazón.Bailaba porque la música se colaba por las plantas de sus pies. La danza era la única forma de hacer que el fuego tuviera salida sin quemarla por dentro.

Bailaba cuando los acordes de los violines entraban en resonancia con su alma, cuando el sonido de los tambores latía en sus pies, cuando su fuego exigía salir.

Y al bailar su alma se eleva, se libera, se purifica. Al bailar el mundo desaparece y queda ella sola con el ritmo. El tiempo se detiene, mientras su latido se vuelve uno con el sonido del tambor, su respiración sigue el tono del violín, y sus movimientos dirigen la energía divina del fuego.

Baila, y se comunica con lo divino. Ya que todo lo terrenal se desvanece.

Baila, y aunque nadie pueda entrar cuando baila, sabe que no está sola.

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