Un mundo propio.
Todos tenemos mundos que nos son propios. Mundos que nadie más que nosotros entiende. Mundos que nadie más que nosotros puede visitar.
Empezamos a crear esos mundos cuando somos pequeños y a lo largo de nuestras historias elegimos compartirlos o no.
Mi mundo estaba ubicado debajo de la mesa… O debajo de las escaleras… Era un mundo subterráneo, que a la vista de todo el mundo, se reducía a: “un desorden infernal en el camino”.
Mi mundo estaba compuesto de hermosas fantasías, muchos juguetes y muchos inventos.
Creciendo sola, entre adultos, la única compañía para jugar suele ser uno mismo… Y si a esa compañía se le suma, imaginación alimentada por cuentos, y material para inventar, aunque todo estuviera ya inventado, la sumatoria es interesante.
Hoy mientras pensaba en la película que vi anoche, y lo que decía Anita Fernández, de Igooh respecto de una de las escenas, a la vez que en el tema de la sanación de mi niña interior y en el ¿cómo rábanos se hace una muñeca de flores y lacitos sin otro material? además de uno de los tópicos de essay para la clase de inglés, me puse a pensar en esos momentos únicos en ese mundo mío y de nadie más.
Leía también una devolución de Sandra a los trabajos hechos por una de mis amigas, hermanas o como quieran llamarle y pensé en muchas cosas…
Cosas que cuando estén elaboradas compartiré.
Supongo que estos son trabajos de reflexión espontánea. Madurez, que le llaman. Parte de crecer y evolucionar.
Vuelvo al mundo mío y a las muñecas, que tanto me gustan.
Tuve todo tipo de muñecas, decían que en casa había una sucursal de una juguetería local. Juegos de mesa, muñecas, cosas para las muñecas y juegos didácticos. No me quejo, disfruté de mi niñez y de mi escape a mi mundo propio cuando las cosas en el mundo que compartía con los demás se volvieron un poco más dolorosas y gran parte de la niñez quedó relegada a una pantalla.
Mis muñecas han pasado por todo tipo de experiencias traumáticas, hay que reconocerlo. Me acuerdo que rapé a una para hacerle un transplante de cerebro. A otra (herencia fraternal) le corté el cabello larguísimo y hermosamente dorado que tenía, porque “se usa el pelo corto”. Mi bebote tiene una excavación en la parte posterior a causa de un olvido en el patio de casa y un ataque de celos de mi perra.
Mis barbies, terminaron, cabellos cortos, sin ropa original y decapitadas. En algún momento jugando a los “superheroes” con un primo, las hicimos chocar una por una contra el pie de la máquina de coser de casa.
Hoy conservo algunos muñecos y dos ositos de peluche de esa época, otros fueron regalados, o se los robaron.
Conservo mi bebota, que es una belleza de muñeca, un muñeco que todos dicen que es horrible pero a mí me encanta, el bebote espacial (jajaja), el pobre rulito -que fuera transplantado de cerebro y aún conserva las marcas de mi azul escalpelo)- y los peluches son un osito de toalla, que tiene la cara de plástico, como si fuera una careta y un monito que se chupa el dedo… (Freud no eres bienvenido).
Esos muñecos serán para mis hijas, el día que las tenga o para mis nietos, nunca se sabe… Tienen historias para contar, y tienen mucho para ofrecer aún. Siempre recuerdo las sonrisas que me sacaron y ahora imagino las sonrisas que pueden llegar a arrancar.
Hoy estoy planeando cómo hacer muñecas, que usaré en el proceso de sanación. Y pienso que esas muñequitas de altar, serán parte de los recuerdos y cicatrices de batalla, que algún día no muy lejano pueda exhibir ante este mundo…
Mientras tanto, agradezco haber podido crear un mundo propio, para evadir por un rato la realidad y encontrarme con mis fantasías más brillantes… Fantasías que en algún punto eran deseos a realizar, y quién sabe, de aquí a no demasiado tiempo, se cumplan las más realistas.

Vaya … vaya, me has enviado directa a mi infancia. Muñecas m i abuela me compraba muñecas y mi madre las guardaba en un armario que nunca alcancé a abrir Pensaba que cuando fuera mayor podria abrir aquella puerta que guardaba mis preciosas y nuevas muñecas. No las he vuelto a ver.
Pero si que jugaba con otras muñecas, diminutas, con cabelleras largas, que yo misma arreglaba si se quedaban calvas con hilos dorados, eran mis pequeñas hadas, jugaba en solitario entre las macetas de mi madre, que imaginaba como un gran jardín y allí me inventaba todas las historias que mi soledad y el obligado silencio para no despertar las siestas de los mayores me proporcionaba mi bien nutrida imaginación .
Hoy tengo un jardín en el que mi imaginación sigue viendo hadas …. afortunadamente.
Un abrazo
Driada:
Bienvenida al viaje a la infancia… Creo que sin saberlo, estaba tratando de invitarlos a todos a ese espacio mágico.
Afortunadamente, nuestras vidas pululan en torno a cosas que las vuelven mágicas cuando lo necesitamos.
Es bueno que en tu jardin haya hadas..
Abrazos!
Que sensación agradable un poco de regresión!!! Tengo una caja llena de Rasti, autitos, partes de trenes etc, que llegó a manos de mis hijos……. ellos maravillados por juguetes de materiales tan resistentes……….. al tiempo!!!!
Yo regreso siempre a la infancia con ellos, me sumerjo en sus juegos y bajo al nivel de niño………….. se me va el stress y vuelvo a un mundo maravilloso!!!!
Un abrazo!!!
Ale!!!
Los rasti.. los míos pasaron derecho al estómago de una mascota jajaja…pero sí que me divertí con ellos…
Y sí, cuando nos permitimos ser niños de nuevo, se nos van todas esas cosas de “adultos” que nos enferman;)
Besos a la familia sin foto completa…