Los sonidos desconocen el lugar, puesto que es “el Palacio de los Silencios”.
Y si, silencios, en plural… Porque no hay UN Silencio, hay muchos. Hay silencios musicales, silencios emocionales, silencios existenciales, silencios perdidos y encontrados. Silencios buscados, silencios sentenciados, silencios de almas, silencios de voces, silencios de reclamos, silencios de canciones.
Los silencios que lo habitan son tantos, que tienen diferentes cualidades, habilidades y obligaciones. Cada silencio tiene una función.
El silencio cómplice, es ese de palabras que se leen en la mirada del otro y se acuerdan con una sonrisa.
El silencio íntimo, es ese silencio que se da entre amantes, cuando hay promesas sin sonidos y se sellan besos mediante.
El silencio incómodo, cuando ya no hay de qué hablar, o no se sabe cómo empezar a hablar de algo. Este silencio se acompaña de suspiros y rubores, ojos mirando al suelo o al costado y manos inquietas y sudorosas.
El silencio musical, que finaliza un sonido para dar comienzo a otro… Que te obliga a poner atención, porque no sabés cómo puede seguir la melodía.
El silencio del alma, la quietud del espíritu, que no necesita palabras para describirse, simplemente existe, se siente y se disfruta.
El silencio al final de una canción, ése que nos permite apreciarla y desear oírla otra vez.
El palacio de los silencios, está en este mundo y vive en cada uno de nosotros ¿qué silencios escuchas? ¿qué silencios encontrás? ¿qué silencio te gustaría compartir?
Escrito en Historias en el aire
